Un juego de niños

En estas fechas tan próximas a la Navidad es muy normal ver a nuestros hijos escribiendo día sí, día también, la Carta a sus queridos Reyes Magos y bueno, como no son listos ni nada, también dedican su tiempo a escribirle a Papa Noel.

Mi hijo lleva escritas 2 o 3 cartas distintas y horror! cada vez son más y más largas, siempre olvida añadir algo que ha visto en algún anuncio de televisión o en el último catálogo de juguetes que el señor cartero, muy amablemente, dejó en nuestro buzón. En fin, "la magia de la Navidad", pese al consumo implícito y desorbitado que acompaña a estas fechas, los niños ajenos a este tema, las viven con tanta ilusión, que nosotros los adultos, olvidamos momentáneamente el sistema asfixiante  y la sociedad de consumo en la que vivimos, (en muchos casos a duras penas, no hay más que ver las noticias) para disfrutar de esa atmósfera mágica que tan solo la imaginación de un niño puede proyectar y contagiar. 
Uno de los juguetes estrella, que se repite una y mil veces, en las cartas que escribe mi peque, son los juguetes de construcción de Lego, le encantan!, y a mí, reconozco que también; muchas tardes, sobre todo los fines de semana de invierno, nos gusta construir cosas juntos y esos ratos que compartimos, descifrando el manual y montando piezas, son maravillosos. El otro día, buscando por internet los distintos modelos de Lego, que mi hijo había detallado, con máxima minuciosidad, en su carta, zas! encontré algo que me encantó. La marca de mobiliario, Room Copenhagen, había creado una serie de objetos de almacenamiento de diferentes tamaños, basado en el mundo creativo e imaginativo de Lego, y para mí, fue todo un descubrimiento. Son reproducciones exactas de las piezas de construcción de la marca, a gran escala, con las que que poder inundar de color, cualquier espacio de nuestro mundo adulto.








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