Arte, hasta en la sopa

En Junio, celebrábamos nuestro aniversario de bodas y decidimos hacer un viaje por la península, en coche, iniciando nuestro recorrido en la costa Este, para finalizar en la costa Norte, un largo y enriquecedor trayecto, donde visitamos varias ciudades maravillosas, entre las que se encontraba la ciudad de Bilbao. 
Nuestra primera parada tras un agradable paseo por la orilla de la Ría, fue el Museo Guggenheim, ¡fantástico, colosal...! tardamos un poco en entrar, necesitaba apreciar su arquitectura exterior desde todos los ángulos posibles, y como incidía la luz sobre sus paneles brillantes, me pareció espectacular.
Después de volverme loca haciendo fotos, desde el exterior (como habéis podido comprobar), por fin cruzamos el umbral de la puerta y nos adentramos en el Museo. Recorrimos durante varias horas sus instalaciones, hasta que no hubo más remedio que parar a comer. No teníamos muy claro a donde dirigirnos, así que, un poco a la aventura decidimos quedarnos a comer en el Restaurante Bistró Guggenheim Bilbao, más tarde concluimos que había sido un gran acierto nuestra elección.

Exclusiva terraza
Se trata de un espacio vanguardista e innovador, en el mismo Museo, donde los toques de alta gastronomía son la nota distintiva.
Interior vanguardista
Nos encantó su carta, la presentación de sus platos y la exquisita atención, además cuando llegó la hora del café, vino acompañado de unos deliciosos pastelitos, presentados de esta guisa, la perdición absoluta!.
¿No os parece genial? A nosotros nos encantó este restaurante, así que, si lleváis idea de visitar Bilbao, no dudéis en pasar por Bistró Guggenheim Bilbao, a cargar pilastras una intensa visita por el Museo.

















0 comentarios:

Publicar un comentario


up